A un mes de la tragedia que golpeó a Venezuela, miles de rescatistas y toneladas de ayuda humanitaria cruzaron continentes con un mismo destino: los campamentos donde hoy sobreviven miles de personas que lo perdieron todo. Allí, entre carpas, hospitales de campaña, centros de acopio y cocinas comunitarias, la cooperación internacional dejó de medirse en toneladas para empezar a medirse en vidas atendidas, heridas curadas y familias acompañadas.